Las vacas no saben que es domingo

lso gallegosEn el verano del 1969 mis padres y yo viajamos a España. Además de comer todo el jamón serrano que nos cupiera en la tripa, vistamos la requerida cantidad de iglesias y muesos y le hicimos la visita a la familia en Galicia y en Asturias.

El domingo que visitamos a mi familia materna los Pozos en una aldea a las afueras de Lugo, Galicia conocí a mi tía abuela y a mis primos segundos y terceros. Inmediatamente establecí una gran amistad con mi primo Pepiño con quien recorrí arriba y abajo por el hermoso pasaje Gallego. Yo estaba fascinada con la aldea, las casas de piedras, el rió, las vacas y todos los jamones, chorizos, morcillas y queso de teta que colgaban en la cocina campesina.

Image (29)Al medio día el papa de Pepiño proclamó que tenía que hacer sus tareas e ir a darle de comer a las vacas. Mi papa inmediatamente comento ”pero hoy es domingo y lo esta pasando tan bien con su prima y nunca se ven’’.  Al cual el primo respondió irritado ”las vacas no saben que es domingo”‘. Inmediatamente vi la realidad de vida campesina, aunque ya había escuchado los cuentos de mis padres. Pensando en lo que me hubiera esperado me sentí dichosa que el abuelo Andrés Pozo había emigrado. De seguro que no hubiese visto la fantasía de las películas de Disney el holgazaneo de los domingos.

Los Pozos eran plenamente sustentables. Sus tierras colindaban con las orillas de Río Miño y casi nunca bajaban al pueblo. A pesar de que eran ricos en tierras, solamente tenían un bombillo de luz eléctrica en la cocina y no tenían carro para esa época. Al lado de la cocina había un cuarto grande que hospedaba a unas cuantas vacas y también hacía función de baño. Al otro lado de la cocina guardaban los cerdos. Mis familiares presumían que nunca iban al médico, desconfiaban del gobierno, de la Iglesia Católica y hasta de la rama Cubana de la familia que se había casado con Asturianos y que según ellos habían adquirido malas costumbres en las ciudades del nuevo mundo. Estos recuerdos me han traído a reflexionar sobre el presente.

Image (30)A menudo he soñado con ser sustentable como mis antepasados los Pozos pero cuando miro mis circunstancias no se cómo lo voy a lograr en esta sociedad moderna y en esta isla tropical. Dependo del Internet para comunicarme con mis clientes y todas las comunidades sustentables que igualmente dependen del Internet y de los celulares que sabemos tanto daño nos hacen. El gran fracaso ideológico en mi vida es que por más que he luchado por mantenerme alejada de las grandes corporaciones, me encuentro atrapada consumiendo sus servicios como la energía eléctrica, Internet y el agua municipal además de periódicamente enviar a pedir libros de la vida sustentable en Amazon.

Unas de las cosas que no encaja en mi modelo de sustentabilidad es que a menudo me siento que gran parte del dinero que genero va casi exclusivamente para absorber mis gastos básicos que las corporaciones me sobre facturan por el consumo de energía eléctrica, el agua, el celular y el Internet. La mayoría de mis clientes que aportan a la salud económica de mi taller de alguna manera trabajan para corporaciones o hacen negocios con aquéllos que forman parte del status quo y del mercado de las masas. Cuando algún cliente me comenta que ha dejado su trabajo cooperativo para sembrar una finca abandonada de la familia, aunque le celebro su espíritu de compromiso y valentía a la misma vez entiendo que nunca más les voy a poder facturar como lo hacía antes.

Image (141)Auguro que en poco tiempo muchas personas van a volver a sembrar en pequeña escala y muchas personas van a dejar trabajos cooperativos para reinventarse en profesiones ecológicas. Es la tendencia que hemos estado viendo en los últimos años y ya que Madison Avenue se enteró del asunto tenemos toda una industria en crecimiento. Pero la sustentabilidad plena, como la de Los Pozos son palabras mayores y algo fuera de mi alcance inmediato. Claro que pudiera hacer un último post en mi blog y anunciar que voy cancelar mi servicio de Internet y el celular, desconectar mis tres neveras, el congelador a donde guardo mis semillas importadas y enviarles mi dirección postal y sentarme a esperar que caigan los clientes en paracaídas  por invitación síquica.

Los Pozos y sus vecinos acordaban la fecha y la hora para reunirse comunalmente con los vecinos inmediatos a recoger la paja, sacrificar los animales y preparar las morcillas, los jamones, los chorizos, el vino, la cidra y el famoso queso de teta. No tenían blogs o regalías que pagarles a organizaciones ecologías ni informes que rendirles, carros o celulares. Simplemente se comunicaban en carne y hueso con sus vecinos. En el 1969, los gallegos no ofrecían talleres de cómo hacer jamón serrano, cómo germinar, cómo hacer un huerto o cómo sacrificar animales. Toda familia y aldea contaba con las destrezas necesarias para hacer el rico pan gallego, la cidra, el vino y todo lo demás. Esto era parte integral de su sustentabilidad y su gozo culinario a la hora de sentarse en la mesa.

lugo (2)Hoy en día cuando alguna persona tiene una inquietud comunal o ecológica mira el Internet antes de mirar a sus vecinos inmediatos. A menudo vemos como personas con negocios ecológicos y gran presencia en el Internet  subcontratan a personas para que se encarguen del mercadeo, los medios sociales y las relaciones públicas. Esto los lleva a sumergirse en un papeleo y administración virtual sin sentido alejándolos de su misión inicial. Los Pozo tampoco le verían sentido.

Mi primo Pepiño tenía un espíritu de aventura, y harto de ordeñar vacas, hubiese querido venir a trabajar y vivir en el Caribe. Nunca llegó porque a los 18 años sufrió un accidente fatal de auto después de beber en exceso con sus amigos. Yo no he regresado a Galicia.